La Virgen de Lvto
Eduardo Fernández Merino
El Avtor
Después de varios años de trabajo Eduardo Fernández Merino se ha convertido, por derecho propio, en un investigador de la historia de la indumentaria. Su profundo y analítico estudio le ha llevado no sólo a través de páginas de libros antiguos y salas de bibliotecas, sino también a través de varias ciudades españolas y europeas, en busca de los orígenes y la evolución de la forma de vestir de las Vírgenes Dolorosas castellanas. El primer resultado de su trabajo ha sido un hermoso ensayo: La Virgen de luto, que aparece publicado ahora por VisionNet. Pero no ha sido el único. Le acompañan una página web y un cuidado documental con los que quiere llegar a todo tipo de público para hacer comprender la riqueza y el simbolismo de una tradición cuatro veces centenaria. Transmite pasión, y nos responde con la seguridad de quien sabe de lo que habla.

Guillermo Arróniz López: Todo este quehacer literario, internáutico y audiovisual nace de una profunda experiencia personal, como cuentas en tu libro, ¿qué despertó en ti esta pasión por la indumentaria de una advocación concreta de la Virgen?

Eduardo Fernández Merino: En la trayectoria de todo artista suele haber un encontronazo determinante con su dimensión espiritual que marca su producción, incluso su personalidad a partir de entonces, y le encamina a bucear en su personal obsesión por diferentes caminos. El mío fue con la imagen de la Virgen de los Dolores, imagen de madre desvalida, indefensa pese a su magnitud sobrenatural, que a muy temprana edad me descubrió el misterio de la Muerte, representada en la solemnidad de su luto, de sus lágrimas, de las siete espadas en el pecho... Años después volvió a irrumpir este arquetipo en mi historia, exigiendo mucho y devolviendo más, y el resultado fue este trabajo de años que espero aporte una igual satisfacción a sus lectores.

GAL: ¿Cuántos años ha durado tu investigación? ¿O es algo que nunca termina?

EFM: La mera recopilación de datos, búsqueda en libros históricos, investigación de ajuares etc. duró más de cuatro años. Luego vino la selección y redacción, como otro año más. Me animé a escribir el libro cuando me di cuenta de que por mero disfrute personal había acumulado tal número de datos, citas, imágenes y referencias varias a este tema, que me pareció un verdadero desperdicio no compartir tanto y tan buen material, mas aún considerando las dificultades que encontré para acceder a cada fragmento y dar coherencia a las fuentes contradictorias. Después de decidirme a redactar el ensayo, he seguido conociendo tallas interesantes, representaciones de esta iconografía con gran valor, pero tuve que poner un límite a la documentación y empezar a escribir. Ahora no me cabe duda de que el lanzamiento del proyecto supondrá un todavía mayor intercambio de información que lo enriquecerá gradualmente.

GAL: Cuéntanos, brevemente, de qué piezas se componía el vestuario de una Virgen Dolorosa del siglo XVI.

EFM: Exactamente de las mismas prendas que el ajuar de una dama viuda de la época: camisa interior, varias enaguas, la última de ellas amplia y cónica, armada con aros, que se llamó "verdugado", un "manteo" o falda interior, el vestido exterior, negro, con amplio vuelo, que recibía el nombre de "monjil", cofia blanca, largas tocas del mismo color que desde el rostro cubrían el torso y caían sobre el vestido, un rosario negro al cuello y el largo manto de luto, siempre de cola. Para indicar su estatus divino se enjoyaban con piezas de orfebrería simbólicas, como diademas, ráfagas, lunas, corazones traspasados...

GAL: En tu ensayo, muy entretenido, por cierto, nada que ver con muchas tediosas tesis doctorales, vienes a decirnos que las Dolorosas, con su manto negro, y sus tocas blancas están vestidas a la manera de las viudas del siglo XVI, es decir de la Corte de Felipe II, y luego de sus sucesores al menos hasta Carlos II. ¿Cómo sucedió, cómo nació esa tradición?

EFM: Fue en el Madrid de 1560; a instancia de los frailes mínimos de San Francisco de Paula, la reina Isabel de Valois encarga a Gaspar Becerra que copie en talla un óleo de la Virgen de la Soledad que trajo de Francia. A la hora de vestir la talla, la camarera mayor de la reina, doña María de la Cueva y Álvarez de Toledo, condesa viuda de Ureña, propone ataviarla con sus propias ropas de luto, en referencia a la viudez mística de la Virgen. En aquel ambiente cortesano imbuido de la estética contrarreformista, tan dada a composiciones efectistas enfocadas a dotar a las imágenes del mayor verismo posible, la decisión de la condesa fue todo un éxito, lo que propició su difusión por todos los territorios de Felipe II. Doña María creó un verdadero icono religioso y visual, de líneas sobrias y grave expresividad hierática.

GAL: Sin embargo te has encontrado con que el sentido de ese origen se ha perdido y muchos autores, vestidores e investigadores dicen que la Virgen va vestida "de monja", o incluso cosas aún más raras como "de sacerdotisa". ¿Cómo crees que se ha podido olvidar algo que nació de relevantes protagonistas de la Historia, en un momento crucial de la misma para nuestro país?

EFM: Es comprensible que, ante la falta de fuentes escritas que recopilen estas tradiciones populares, transmitidas oralmente de generación en generación, a menudo se atribuyan significados erróneos a las representaciones iconográficas. A través de los siglos, la sensibilidad popular y el criterio artístico cambian constantemente, y el símbolo que ayer era comprendido por el pueblo iletrado, hoy se escapa incluso a las miradas expertas. Aun cuando los datos escritos sobre el luto clásico de la Virgen se encuentran dispersos, abundan las citas de grandes escritores hasta principios del siglo XX, como Cervantes, Quevedo o Galdós, que aluden a tal indumentaria. Sin embargo, pasada la primera década del pasado siglo, la tradición se diluye en favor de nuevos estilos de vestir a las imágenes. Una costumbre popular que no aparece en los libros de historia, depende de la memoria colectiva y de la experiencia de los mayores, por lo que, a menudo, la tradición muere con ellos. Contrastar las fuentes, ahondar en sus contradicciones, ampliar la investigación hasta ver con luz clara que cada pieza encaja en su sitio, ha supuesto para mi un homenaje a las figuras, tanto históricas como anónimas, de quienes han perpetuado celosamente esta iconografía de la Dolorosa.

GAL: ¿En qué medida te ha ayudado en esta investigación tu experiencia como vestidor de Vírgenes? ¿Crees que te ha aportado algo que los investigadores teóricos no podrían volcar en un libro?

EFM: En mi caso la investigación teórica y la práctica corrieron paralelas. Empecé a investigar después de adquirir una pequeña imagen de vestir; quería conocer la forma adecuada de hacerlo y al poco de buscar datos, encontré una descripción breve que me pareció sugerente y misteriosa: las Dolorosas castellanas vestían a la manera de las viudas del siglo XVI. ¿Entonces aquel luto tenía una fecha de inicio? ¿Y las viudas nobles llevaban un vestido determinado? ¿Qué aspecto tendría? Poco más me hizo falta para ir tirando del hilo; unos meses después encontré la oportunidad de empezar a vestir tallas de tamaño natural, y se hacía necesario ahondar en la investigación para desarrollar la labor con mayor conocimiento y precisión en cuanto a formas, materiales, ornamentación... Cuando se trabaja con un material tan "escurridizo" como los tejidos, es fundamental conocer cómo reaccionan y cómo conseguir determinadas formas de otras épocas. La silueta triangular de las Vírgenes no se comprende sin calcular las medidas del verdugado interior y la caída del manto; la colocación correcta de las tocas, puros lienzos rectangulares sin corte, sólo se consigue tras muchas pruebas. Lo fascinante del estudio de indumentaria es llegar a reproducir con acierto y buen gusto las prendas cotidianas de siglos pasados. Y a la hora de vestir imágenes, considero que el enfoque es muy distinto cuando el objetivo es resaltar la belleza de la talla que cuando se intenta recuperar una estética histórica. No es lo mismo "poner guapa a la Virgen" que mantener vivo un estilo centenario.

GAL: Afirmas que uno de tus objetivos es que no se pierda el sentido de la tradición, y que no se deje de practicar bajo el influjo de formas más modernas de vestir las imágenes que están teniendo gran predicamento. ¿Realmente existen esos riesgos? ¿Cómo podríamos decir que se encuentra la salud de la antigua manera, del estilo castellano?

EFM: Sucede que durante el proceso de investigación he conocido casos tanto de antiguas imágenes enlutadas que se modifican para vestirlas de acuerdo a otros estilos y pierden su idiosincrasia centenaria, como de nuevas hermandades y cofradías que desde sus inicios optan por este vestuario clásico para ataviar a sus titulares, sin contar por supuesto a todas aquellas que, desde siglos atrás, mantienen esta costumbre. El estilo castellano está muy presente en toda España, pero su origen y significado son prácticamente desconocidos, es la parte documental la que corre mayor riesgo de perderse. Afortunadamente, no creo que a estas alturas podamos hablar de "peligro de extinción", pero sí consideré desde el principio que una tradición tan rica necesita de un nuevo impulso y un sólido refrendo histórico que despierte el interés popular y aporte un nuevo sentido a su elección o conservación. La clave está en entender el complejo patrimonio cultural que encierra esta indumentaria, en apariencia tan sencilla.

GAL: A lo largo de los viajes a los que te ha llevado esta investigación (me consta que has estado en Milán, en Palermo, en Requena, en Córdoba, en Medina del Campo...), ¿hay alguna anécdota que te haya quedado especialmente grabada?

EFM: Quizá me quedaría con una visita que fue todo un privilegio. Contacté con las madres carmelitas de Medina del Campo y me permitieron entrar en su convento de San José para fotografiar un fabuloso lienzo de la Soledad, original de la época y lleno de detalles interesantes. Me acogieron con simpatía y me transmitieron efusivamente sus mejores deseos para este proyecto. Hay tanto arte custodiado en las clausuras, que poderme asomar con tal franqueza supuso un una oportunidad única de enriquecer mi trabajo.

GAL: Además de redactar este emotivo libro has diseñado una página web. Esto se ha convertido en una fórmula de marketing para promocionar las obras, pero hay elementos en este espacio internáutico que van más allá de todo eso, como la galería de imágenes. ¿En qué consiste exactamente la página web?

EFM: Cuando terminé de redactar el libro, pensaba que a lo máximo que podría llegar sería a conseguir que una editorial quisiera publicarlo. Fue después de enviarlo a unas ochenta de ellas sin éxito y a punto de abandonar el esfuerzo por difundir la obra, cuando surgió la idea de autopublicar y crear la web, el archivo de imágenes y el documental como complementos audiovisuales al proyecto, que así cobraba una dimensión mucho más amplia. De hecho, mi formación artística se centra en lo audiovisual, y quise retomar esta actividad abriendo una nueva etapa personal tras la redacción, por eso el libro aún va firmado por Eduardo Fernández Merino, pero la web y sus contenidos pertenecen ya a Qviron Lethebain. Estar en Internet es necesario para llegar a muchos más lectores, comentar la obra con ellos, recibir sus impresiones, sus dudas... Me gustaría que sintieran como yo esa emoción de la búsqueda, y para eso ideamos un archivo de imágenes con Dolorosas de toda España, de otros países y de piezas de arte que recojan la indumentaria de viuda. Los lectores podrán enviar sus imágenes para incluirlas en el archivo, y así poder continuar juntos la investigación, compartiendo nuevos datos y referencias iconográficas.

GAL: En este página se puede ver un documental de trece minutos que termina de reforzar la parte audiovisual del proyecto. ¿Es este vídeo un resumen cinematográfico del ensayo?

EFM: Tan sólo de la parte relativa al origen histórico. A medida que fui desarrollando la investigación para el ensayo, cada vez fui cobrando más cariño por la figura de la condesa de Ureña. Al mérito de su soberbia creación iconográfica, le sumaba la injusticia del olvido a que se ha relegado su aportación. Creando el documental, me di el gusto de poder hablar frente a frente con la propia condesa, entrevistarla en su misma época, dejar que ella nos contase desde sus sentimientos cómo empezó todo... Y de hecho en esto consiste el documental, en una invitación personal que la condesa hace al espectador del siglo XXI para que conozca de primera mano las claves de esta tradición.

GAL: ¿Cómo ha sido la experiencia de la grabación? ¿Qué ha sido más complicado redactar un libro o grabar un documental? ¿Con qué parte te quedas?

EFM: Personalmente me quedo con la grabación. Nunca había realizado un vídeo, pero siempre pienso en imágenes, visualizo lo que quiero ver antes de recrearlo, sin embargo redactar no me motiva tanto. También fue bonita la etapa de redacción, más pausada, más interior, pero el día que empezamos a grabar en la Casa Museo de Lope de Vega, con María Luisa caracterizada como la condesa, moviéndose entre aquellas salas... entonces todo salió solo, porque hacía semanas que había visto la historia en mi cabeza una y otra vez. Luego en Santa Cruz, con Raquel como doncella, ese diácono, la Virgen vestida prenda a prenda... Para la grabación sólo contaba con una videocámara digital que acababa de adquirir, la ilusión de crear algo bonito pese a la escasez de medios, la complicidad de los personajes, con sus ropas de época, y la suerte de contar con dos localizaciones tan apropiadas. Tardamos poco, en una mañana y una tarde se hizo todo el trabajo. Creo que en gran parte conseguimos suplir la inexperiencia con grandes dosis de entusiasmo.

GAL: Todos los gastos de este macro-proyecto, de la investigación al documental, pasando por la página web y la publicación del libro, los has costeado tú, pero tengo entendido que tu intención es donar los beneficios de la venta del libro a proyectos humanitarios, ¿no tienes ningún interés crematístico? ¿Qué objetivos te han movido entonces a dedicar tantas horas y recursos propios?

EFM: Desde que encontré los primeros datos sobre esta costumbre que me resultó tan fascinante, quedé muy sorprendido al comprobar que no existía nada escrito específicamente sobre ella. Tanto es así, que al principio di por hecho que se habría perdido la documentación y realmente no encontraría fuentes que consultar. Según iba avanzando y me empezaba a plantear que tenía ante mí una oportunidad única de ser yo quien diera forma a un volumen dedicado al tema, puse todo mi empeño en procesar la información con la mayor calidad posible, y darle al proyecto varios registros, para poder llegar a lectores más interesados en la parte artística, o en la religiosa, anecdótica, curiosa, en su aspecto antropológico o de historia de la indumentaria. Era una emoción comparable a penetrar en una cripta sellada de hace cuatrocientos años, por lo que me sentía muy afortunado y agradecido. Por eso decidí donar los beneficios del libro, considero este proyecto como un regalo que apareció en mi camino, que me fue conduciendo por los lugares exactos y que si había una forma perfecta de sacarle el mayor partido posible, era conseguir que personas que sobreviven con dificultad a miles de kilómetros, de otras muchas culturas, razas y religiones, pudieran también beneficiarse. Por mi parte me doy por bien pagado sabiendo que con mi obra ya existe un libro de consulta sobre este luto antiguo de las Dolorosas. Con saber que alguien ha disfrutado leyendo, paseándose por la web o visualizando el documental, es más que suficiente.

GAL: Si quisiéramos encontrar alguna imagen de estilo purista, algún ejemplo de los orígenes de esta forma de vestir, ¿cuál o cuáles nos recomendarías?

EFM: En mi opinión, las imágenes cuya indumentaria ha resistido mejor el paso del tiempo, son aquellas que permanecen en las iglesias prácticamente ignoradas. Al no depender del gusto personal de los vestidores y camareras o de las modas instauradas en ciertas hermandades, mantienen intacta la iconografía de viuda noble, y visitarlas supone remontarse directamente al estilo original. En la ciudad de Madrid existen dos Vírgenes de la Soledad, muy desconocidas, que me son especialmente estimadas: una en la iglesia de San Marcos y otra en San Ildefonso.
InicioEnlacesFacebookCréditos